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jueves, 19 de junio de 2008



Quien no arriesga nunca pierde nada y tampoco lo gana. Como todo comienzo, el destino es incierto hasta que el presente se convierte, poco a poco, en pasado. Lo fantástico de un fin es enterrar un círculo, pasar página y abrirse a lo nuevo, aunque éste sea desconocido y nos aterre.

Yo no tengo miedo. Hace relativamente poco que dejé de tenerlo y ahora lo veo todo más claro y accesible. Las murallas que tenía ante mis ojos ahora no son más altas de un metro y sé que todo es posible, incluída yo.

Caminar, deseo tanto caminar horas, evadirme del ruído y abrazarme al murmullo del bosque. Hace tres días que camino durante horas sin importarme a dónde me dirijo ni la hora a la que vuelvo. Me escondo en la noche al volver y escucho el canto de las ranas desde el puente. Nunca viajo sola y escuchar lo que tienen que decir es maravilloso.

En menos de dos semanas al fin pasaré página y me iré de aquí. La casa es muy pequeña pero es perfecta para sentirse a salvo.

Me río de la sorpresa que les ha dado el destino a esta gente. Me alegra ver que se recibe lo que se da y que haber sufrido la convivencia de esta peña les ha servido a ellos para no salirse con la suya. Yo me voy de un piso encantadoramente viejo, lleno de gente que no sabe convivir. He pasado gratos momentos en él y no con ellos precisamente. Así que todo lo que me llevo es bueno y lo que dejo, prescindible. Soy feliz.

Ojalá pronto nos reunamos todos en mitad del campo, con nuestros bocatas, cartas y risas.

El equilibrista no se puede caer.

1 comentario:

Ananda Nilayan dijo...

Cuando se camina tanto, con tranquilidad y sin prisas, con la mente en blanco, surgen ideas y caminos nuevos.
Caminar es estar con una misma y estos pasos acompañados de ranas (me fascina escuchar por la noche a las ranas y los grillos)te van a traer algo muy nuevo (además de la nueva etapa que inicias)
Todo lo mejor en tus caminatas, NEEEEGRAAAA!!!!!
Verónica.