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miércoles, 27 de mayo de 2009

El siguiente texto lo podrás encontrar en el Foro de Nuncajamás. Es el que presenté para el segundo reto, en el taller de literatura. Las bases y los demás textos presentados por el resto de foreros junto con las votaciones, las podréis localizar en el mismo sitio.

La imagen está sacada de un juego on-line llamado GuildWars, en el cual me inspiré para crear al personaje principal de la historia. Tiene muchos fallos y un desarrollo un tanto nefasto a mi parecer, pero espero que os guste, al menos un poquito.

Dije que subiría aquí la "versión extendida", pero quiero re-escribirla más adelante para corregir todos los fallos que cometí en ella. Por eso me disculpo.


Que os sea grata la lectura.

Sed de venganza

Ryuk y Gwimyoo en la Fragua del Desdichado


Me retuerzo en el placer de la agonía. Asciendo, como dulce serpiente, hasta la boca de La Gran Grieta, para cumplir un juramento que mi yo-viva pronunció hace mucho, mucho tiempo atrás. Maestra de las Sombras, llevo una eternidad luchando por conseguir el más alto rango, sacrificando mi mortalidad en las entrañas del Inframundo. Mi nombre es Ryuk, la Nigromante y he regresado para vengarme.

La Fragua del Desdichado se encuentra en las heladas tierras de los Enanos. Allí, el desprecio de sus habitantes se hizo palpable, pero el último descendiente de Lotmel “el Visionario” no tuvo más remedio que saldar la deuda que su antecesor tenía para conmigo. Pronto, se pusieron manos a la obra para fabricar mi armadura de las Artes Oscuras.

En todo ese tiempo, pude reencontrarme con un viejo aliado: Gwimyoo, el gnomo. A diferencia de lo que muchos piensan, los gnomos son buenos en el arte de la alucinación. Son pequeños demonios con apariencia amable, muy astutos y avariciosos. Cada gnomo se transforma en un pequeño animal único para camuflarse en el mundo exterior. Gwimyoo adopta la forma de un perrito blanco y ha estado esperándome aquí, todo este tiempo, para cometer su gran robo...

Él me hizo entrega del Báculo de Magia de Muerte de Grado Supremo, el más poderoso y difícil de manejar de todos. Me lo ha estado guardando todo este tiempo a la espera de que yo alcanzase el nivel máximo de la nigromancia. Con él soy invencible.

Poco tiempo después mi armadura estuvo terminada. Está hecha de cuero rojo y metal mágico, el cual simula la apariencia de cientos de calaveras de demonios. Debido a su finalidad, llevo al descubierto la cabeza, el vientre y los muslos. Mis cicatrices curvilíneas de color malva, del mismo malva que cubre la extensión de mis ojos, uñas y rastas, atadas en una cola alta; destacan sobre mi piel chocolate. Creo que hasta la armadura resalta el contorno de mis labios carnosos, negros como el ébano. La razón por la que esta armadura ha sido diseñada así, es para potenciar el poder de mis cicatrices. Las cicatrices son fórmulas prohibidas de magia negra que envuelven todo el cuerpo y evolucionan acorde con la sabiduría que su poseedor obtenga de las Artes Oscuras. A esto es a lo que se le llama el verdadero arcano de la Boca del Infierno.

Sin perder tiempo, Gwimyoo y yo nos dirigimos al Bastión del Dragón, escenario de lo que será mi venganza. Es una fortaleza fuerte. La defienden una fila de ballestas gigantes y dos de catapultas en cada muralla, además, de un ejército bien entrenado y de dos dragones, uno de hielo y otro de fuego, que son liberados durante los asaltos a las murallas. Pero nada de esto me detendrá.

Gwimyoo arrojó sobre mí una ilusión para que todos me percibieran con la forma y el tamaño de una rata. Así, Gwimyoo como perrito y yo como rata, pudimos acercarnos lo suficiente para lanzar sobre toda la extensión del Bastión, dos maleficios que nos protegieran de todos los ataques. Uno era Espíritu Rencoroso y el otro, Culpa. El primero hace que se ataquen involuntariamente entre ellos y el segundo que todos los ataques que se dirijan hacia nosotros, fallen. Mi Beso Vampírico, absorbió las vidas de todos los que se encontraban justo detrás de la puerta y el Despertar de Muerte, levantó, de cada uno de los cuerpos, dos monstruos de hueso que empezaron a devorar vivos al resto de soldados. Las alarmas se dispararon a la par que la ilusión que había sobre mí, se agotó. Todo el ejército salió a defender la fortaleza. A nuestro alrededor volaban flechas incendiarias y se estampaban enormes bolas de fuego contra el suelo. Mi adrenalina se disparó y mis ojos se encendieron. Sortilegios para la absorción de vidas, envenenamiento o lisiadura. Espirales de gas asfixiante, llamaradas de fuego, más y más monstruos de hueso... Entonces, un silbido ensordecedor cubrió el cielo y la tierra. Habían liberado a los dragones. Toda la oscuridad que reina en mi interior se manifestó como un gigantesco dragón de veneno, que emergió de mi boca y se tragó de un solo bocado, a los dos reptiles. Bloques de hielo y tremendas bolas de fuego empezaron a caer sobre el bastión, destruyendo la entrada y parte de la muralla y asesinando a muchos soldados.

Gwimyoo volvió a hacer se las suyas cubriéndonos a ambos en una ilusión de invisibilidad. Fue así cómo llegamos hasta las mazmorras donde descubrimos que Gólem, el falso inmortal, había experimentado con los prisioneros hasta el punto de convertirlos en quimeras. Las hipnoticé y liberé y les conduje a todos al laboratorio de Gólem. Ya había estado antes en su peculiar “museo del horror”. Allí había cientos de vitrinas con quimeras disecadas, botes rellenados de órganos humanos con formol, extremidades que pendían de cadenas bajo el techo... y en medio de todo, una mesa de operaciones. Gólem vestía su bata blanca manchada de sangre y un artilugio extraño sobre la cabeza, que sostenía una enorme lupa. A un lado, sobre una mesa, estaba en “gran robo” de Gwimyoo. Un ábaco de oro que otorga a quien lo posea el don de prolongar o disminuir su vida. Por esta razón, Gólem era inmortal.

Cuando yo vivía, Gólem mató y descuartizo a mi familia. Yo fui testigo de todo. Por eso le entregué mi vida al Infierno y me convertí en nigromante. Con crueldad, le recordé quién era e hice que su pleura se inflamara tanto que comprimiera su corazón. Moribundo, se lo entregué a sus quimeras para que lo devoraran vivo.

Más tarde, abrí la boca de La Gran Grieta e hice salir al demonio más poderoso del Inframundo para que se tragara la fortaleza, junto con el recuerdo de que allí estuvo edificada.


4 comentarios:

Ananda Nilayan dijo...

Y este reto lo volvió a ganar Megapili!!!! si sigues así voy a tener que proponer en el foro que se cree un premio anual que se llame "Premio Megapili" y en el que por supuesto, no participes jajajaja

Megapili dijo...

jajajajajajajajjaja qué cabrona! jajajajajajaja

trankila, toy al 100% segura de que mi racha termina con el tercer reto, así que siento decepcionarte, el premio anual Megapili no podrá existir jamás.... ains.

xDD

Athena dijo...

Niñas! Lo del premio megapili lo secundo jejeje, y no daría yo por terminada la racha tan pronto jejejeje.
Un besito guapa

Megapili dijo...

jajajajaja pero qué mal estáis!