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lunes, 16 de febrero de 2009

Te recuerdo


Te veo con curiosidad, te observo entre las hojas en movimiento; sonrío, porque no sospechas que te miro y humedeces tus labios, como en una plácida tarde de otoño. Caminas sin pausa, en un divagar de sueños que te hacen ser tan especial, tan hermosa. Viéndote, no me explico cómo puede existir la maldad en el mundo si tú también eres un ser humano. ¿De qué estás hecha? Capaz de convertir un día normal en el más increíble de toda mi existencia aun sin conocerte, sin haber hablado jamás contigo... No puedo, eres musa que inspira en la distancia de nuestro anonimato. No necesito tu nombre, todo suena humildemente hermoso cuando tú estás delante. Tu sonrisa tiene música propia y qué decir del murmullo de tu risa, la cual me eleva. Sigues siendo esa niña que conrría para hacer volar una cometa por el parque, aquél ya tan lejano...

Te vi crecer y me aconstumbré al silencio que me ofrecían los bancos para no dejar de sentirte cerca. Sentí tu tristeza como si fuera mía, al igual que tu ilusión y tus alegrías, siempre me transmitiste tanto... Ahora te veo igual de hermosa que entonces, porque el tiempo te amó quizás tanto como yo aun te amo y pasó sobre ti sin borrarte ni una sola pizca de tu belleza, al menos, no para mis ojos enamorados. Te adoro y aunque ya no me sonrías como hacías siempre con todo aquél que pasase a tu lado, aunque ya no te suene mi cara ni la de tus hijos, yo sigo viendo a aquella maravillosa mujer que tan adentro he llevado durante toda mi vida. Si nunca me acerqué a ti fue porque jamás me hubiera perdonado hacerte el más mínimo daño. Cobarde de desestabilizar tu inocente naturaleza. Eres magia, por mucho que pasen los años y por mucho que tus ojos se vayan perdiendo en el infinito, junto a tu agilidad, tus ingeniosas conversaciones y tus recuerdos. Sonrío cada vez que veo la luz de tu rostro, jamás me cansaré de decir lo hermosa que eres. Eres tan única que el día en el que no estés será el momento de marchar en paz y agradecido, por haberte amado en silencio desde mis más tiernos años, aquéllos que, gracias a tu aroma, jamás podré olvidar. Te recuerdo como el primer día y te veo tan deslumbrante como entonces. No temas por la nada que poco a poco te absorve. Eres maravillosa, siempre lo has sido. Nada malo puede sucederte.

1 comentario:

Ananda Nilayan dijo...

A mi me pasó algo parecido una vez. Me pregunté que me unía a aquella persona anónima y fue todo un descubrimiento interior. Aquella persona era un reflejo de ciertos aspectos míos.