Un café en el Desafinados
Son tantas cosas las que me gustaría contarte, tantas rutinas dispares sobre las que poder discutir, sorprendernos y aprender. Me gustaría tanto sentarme contigo y pasar una tarde como las de antes. ¿Recuerdas la vieja cafetería que cerraron? Pasábamos allí casi toda la semana, envueltas en música medianamente aceptable, con nuestras tazas humeantes, el sonido del billar de fondo y nuestras carcajadas por encima de todo. ¡Menudo jaleo montábamos! (El 85% de nuestra felicidad se la debemos a los test de la Vale, nunca la basura ofreció tanta felicidad por tan poco). Suerte que allí les caíamos bien a todos, sobre todo tú, porque era para darnos de comer a parte xD. Acuérdate de lo triste que nos pusimos cuando la cerraron. Aun hoy no hemos sido capaces de encontrar un sitio como aquél, aunque bueno, quizás haya que buscarlo donde estás tú...
No quiero ser previsible pero... sabes que te dejaría con sumo gusto las orejas a la altura de los pies en cuanto te viera, ¡aunque tuviera que esperar cinco años! ¿Cómo se te ocurre no escribir? ¡Con lo que te gusta enrollarte! Si pudieras ver mi cara en este momento te reirías, porque soy todo un cuadro. No quiero dar detalles, ya me conoces, pero niña, me hace falta un aquelarre de los nuestros, un fin de semana a base de sangría y mojito en un lugar apartado, cerca de las estrellas y la oscuridad. ¿Verdad que a ti también te hace falta?
Me gustaría saber que estas bien, que tu ánimo está en lo alto (y no como el mío que parece un yoyo subiendo y bajando). Esto está bastante vacío sin ti.
Besitos