
Llovía. El replique de la campana de la iglesia sonó aquél día como un eco lejano. La lluvia sobre el asfalto no respetaba la llamada a la oración y seguía ofreciendo su ancestral concierto a los mortales que, resguardados en sus casas, aprovechaban la lluviosa mañana de domingo para permanecer más tiempo en sus camas.
En una de las casas, una personita diseña un artilugio para dominar el mundo aunque, tal y como lo lleva, nadie lo tomaría como una amenaza. Pero está bien. Sueña y se divierte creando.
"Me queda domingo pa rato" pensó la muchacha que, apurada, trataba de terminar a tiempo un trabajo para la facultad. El silencio que la rodeaba sólo era interrumpido por la lluvia. Sus dos perros descansaban en sus respectivas "camas" y todo lo que en el piso había parecía haberse parado en el tiempo. Todo, excepto las manecillas del reloj que seguían marcando la hora que hacía fuera, donde llovía.
El agua bajaba la calle, llevándose consigo la carga del pasado, los errores cometidos, las frustraciones, los miedos... lo imperdonable...
La lluvia caía inquebrantable, superior a todo lo mundano. El aire cubría nuestros pulmones con humedad congelada y todo parecía haber pasado. Estos momentos de libertad, de desnudez, de despojo de los innecesario; son los que nos hacen únicos. Al fin salimos del espejo.
Sosegados, a menudo es el futuro quien aprovecha la lluvia para aparecer. Embriagados por el sonido y el olor a humedad, llega un momento en el que nos ponemos a pensar qué será de nosotros mañana. En este imaginar definimos el fin de nuestro día, dependiendo del color de nuestros pensamientos, lo que significa que hacemos magia.
Como quien piensa en el futuro sólo sueña con lo que necesitaría para ser feliz y si ya lo es, con mantener lo que ahora tiene. A menudo, se repite una sola imagen en nuestra mente con todo lo que creemos que es necesario conseguir. Pero a veces, sólo aparece una persona que hace de ancla y de timón en nuestra vida. Nos sentimos confusos entonces y si lo pensamos demasiado, nos frustra. Sobre todo si ya no está. Cuando esto ocurre, hay quién se contenta con esperar a las imágenes materiales que nos "harían" más felices. Otros, simplemente deciden dormir.
La lluvia que limpia las fachadas de nuestras casas es la misma que lava nuestras almas. Así, la personita terminó su diseño y comenzó a interpretar su papel como amo y señor del mundo. La muchacha se concentró en su trabajo y pudo terminarlo a tiempo. Las almas se quedaron serenas. El futuro nos ofreció su mejor imagen y el día se fue apagando, poco a poco, con el sonido de la lluvia.

